UNA MUÑECA DE TRAPO... LLAMADA

"CHRISTY - GELLY"

Por: Samuel Laboy

Era una muñeca grande y bonita. Fue construida con trapos de tela de la mejor calidad. Su carita, manos y pies eran de porcelana fina. Sus ojos eran azules, su cabellera negra y tenía una piel tan linda y suave como la de un bebé. La muñeca quería mucho a la que la hizo. Ella la llamaba "mamá". Su madre la crió proveyéndole siempre lo mejor. Se crió entre la crema y nata de la sociedad. Estudió en las mejores escuelas, fue a las mejores iglesias, perteneció a las mejores organizaciones, y demás. Christy-Gelly amaba a su madre, tanto que quería manipularla para su beneficio. La madre, no tenía compañero pues la muñeca se encargaba de alejar los posibles candidatos. Ella no quería compartir el amor, el cariño ni siquiera el tiempo que disponía la madre. Siempre se las ingeniaba para espantar todo candidato a amigo de su madre. La madre era muy bella y muy buena candidata para rehacer su vida matrimonial. Llegó el día en que Christy-Gelly cumplió los 18 años. Para ella fue obtener la completa libertad, de acuerdo a ley. Ya era libre, podía hacer lo que le placiera sin que nadie se metiera en su vida. Lo primero que hizo fue irse a probar como se hacía el amor, con un compañero de puro trapo. Como resultado, le gustó y se fue de la casa de la mamá. Se instaló a vivir en un apartamento. La madre se quedó sola. Pensó que con la partida de la muñeca se creaba un momento especial para ella y que podría reorganizar su vida.

Christy-Gelly siempre quiso ser independiente de su madre. Ya era feliz con eso. Por otro lado, no permitía que la madre le aconsejara, pues ella ya se sentía ya una mujer hecha y derecha. No obstante, obtuvo su libertad, no se la reconoció ni se la concedió a su madre Quería continuar dominando los movimientos y tareas de su madre. Christy-Gelly era imperiosa, dominadora y -manipuladora. No obstante, continuaba siendo dependiente de su madre. Por tal razón, no la dejaba pensar por ella misma, siempre encontraba las cosas de su madre, o lindas o feas, de la manera que más le conviniera para ella poder imponerse. Al igual que antes, no quería que ella tuviera amigos que pudieran compartir su cariño, amor y el tiempo. Ella creía que ese cariño, amor y tiempo, le pertenecían, y que ella era dueña en absoluto de la voluntad de su madre.

En determinada ocasión, la madre conoció un ejecutivo, muy respetuoso y gentil que trabajaba en una fábrica. Compartieron como buenos amigos por algún tiempo. El ejecutivo demostró ser una persona respetuosa y agradable y ella lo invitó a cenar a su casa. Christy - Gelly, estuvo muy pendiente de la hora de la visita. Se las arregló para llegar en un momento oportuno para ella. Tan pronto ella entró a la casa, su madre le presentó al caballero. Christy-Gelly soslayadamente hizo un ademán de saludo, pero ni siquiera le miró la cara al caballero. Siguió haciendo sus simuladas tareas y se fue sin despedirse.

Quería demostrar que ella era quien mandaba en esa casa. Para ello, ni siquiera hubiera aceptado alguna pleitesía de parte del ejecutivo. Ella sabía que su madre toleraría su osadía. Ya lo había hecho antes. Salió confiada en que el esplendoroso ejecutivo se esfumaría de la presencia de la madre.

Christy-Gelly no tenía trabajo. Estaba en busca de uno que le ayudara a conseguir alguna ayuda financiera adicional a la que la madre le proveía. Para ello, se había ocupado de llenar una solicitud de secretaria ejecutiva en una compañía de nombre muy reconocido. Recibió una carta para ir a una entrevista. Ese día, se levantó temprano, se puso el mejor vestido, los mejores zapatos y llevó su mejor cartera. Se veía muy bella desde cualquier ángulo. Le pidió el auto de su mamá para ir a su entrevista. Llegó al edificio de la Compañía, entró y se encontró con la recepcionista, una joven muy cariñosa y elegante. Le anunciaron que sería prontamente atendida pues el jefe ya había comenzado a hacer las entrevistas.

Srta. Christy Gelly puede pasar..., le dijo la secretaria. Ella abrió la puerta y entró para la entrevista. El caballero que la atendió, le dijo cortésmente: "señorita, por favor siéntese". La muñeca se sentó, y miró lo apuesto y galán del ejecutivo que la iba a entrevistar. Creyó prudente cruzar sus pies para sentirse más elegante y sexy. Quería dar la impresión de ser capaz de convertirse en una majestuosa secretaria. El entrevistador le dice: "Jovencita, me parece que la he visto antes. ¿Acaso usted me recuerda a mí? Le contesta: Christy-Gelly, "No señor.", nunca lo he visto antes. El entrevistador continuó con su entrevista y la terminó. La muñeca era muy buena en sus estudios secretariales, así que fue seleccionada por el ejecutivo como su secretaria personal. Pero, el ejecutivo le dijo a su recién seleccionada secretaria: "Señorita, solamente le pido una mejora a su personalidad, para ocupar el puesto de secretaria, que mire la cara de las personas que le presentan y que sea más amables con ellas". Pues yo soy la persona que su mamá le presentó ayer en su casa y hoy no me pudo reconocer, por no haberme mirado la cara ayer cuando fuimos presentados. Christy Gelly, obtuvo su empleo, pero también una lección que jamás olvidará. Ocurrió un cambio en la personalidad de la muñeca. Ya se fijaba en todo. Ahora lo miraba todo. Cada cosa la inspeccionaba en detalle. Así era ahora en el trabajo y donde quiera que iba. La lección fue muy penetrante.

Sucedió que la madre conoció a un doctor muy agradable y reconocido en el campo profesional. Hicieron una buena amistad y ella lo invitó a cenar a su casa.. Al igual que en la ocasión anterior, Christy Gelly quiso conocer al doctor, pero esta vez se iba a fijar bien en él. Estuvo pendiente del día de la visita y entró a la casa de la madre. La madre le presentó al doctor. En esta ocasión ella lo observó en detalle, se fijó muy bien en su cara, su vestimenta, sus zapatos, sus prendas. No obstante, le dio una sonrisa soslayada, para que él entendiera que ella era quien mandaba en la casa Se retiró como siempre, sin despedirse, de manera de imponer su autoridad, aunque la madre lo sufriera. Luego de irse la visita, regresó donde la mamá y le comentó que el doctor podría verse mejor si usara una corbata más ancha. La que lucía era muy finita y le caía muy mal en su atuendo de vestir. La madre, creyéndole siempre a su hija, pensó en comentárselo al doctor en su próxima visita.

La visita ocurrió la semana siguiente. La madre de la muñeca fue franca con el doctor y le dijo lo que su hija pensaba de su vestimenta. El doctor se sonrió y le dijo: mi querida amiga, el comentario de su hija me recuerda los comentarios de un compañero mío en una presentación técnica ante la Junta de Directores Médicos. Les presenté mi nuevo programa de computadoras, capaz de diagnosticar las enfermedades antes que se desarrollen. Es un programa único en el mundo y de un valor incalculable. Al solicitar una reacción de mis compañeros doctores, uno de ellos indicó: "Doctor, su programa no me gusta y por tanto no lo endoso". Creo que ese programa se ve muy mal, y no vale la pena examinarlo. Inmediatamente le pregunté al compañero ¿Que de malo tenía mi programa? ¿Acaso se me olvidó algún detalle en mis cálculos, en mis estudios, en mis análisis? El me contestó: " Mire doctor, a mi no me gustan los colores amarillos que usted usó en el programa para dar los resultados de los análisis. Yo hubiese usado unos tonos más claros, ese programa se ve muy feo. ¡Quedé atónito al ver que la persona evaluaba mi trabajo por los colores usados para dar los resultados y no por el contenido de mi obra! Que análisis más superficial hizo mi amigo. Acaso no vio las miles de horas que me tomó hacer el programa, los cálculos, los análisis, y más que nada, el beneficio que recibiría la humanidad con mi invento. Claramente, mi compañero no vio más allá de lo que vio en la pantalla de la computadora. Continuó diciendo.... señora, por eso yo creo en un dicho que dice: " El mundo puede ser tan grande o pequeño como se desee, sólo depende de cuán lejos se quiera ver". Hay personas que sólo alcanzan a ver cosas superficiales. Finalmente me dijo: "Para que tenga una idea de lo que estoy diciendo, que diría su hija si mi invita a cenar una espléndida sopa preparada por ella, con esmero y orgullo y yo le dijera que no me gustaba la sopa porque la cuchara que me dio para tomarla tenía el mango verde.

Además me dijo:" Dígale a su hija que yo uso las corbatas finitas por si tengo el caso de un paciente herido que necesita un torniquete para aguantarle la sangre. En ese caso, me quito la corbata y ¡zaz!, ya tengo el torniquete para amarrar el miembro sangrante y paralizar la hemorragia. Esto lo he hecho en muchas ocasiones, y créame, es muy conveniente para mí y para el herido. Dígale a su hija que gracias a Dios con ella nunca tendré ese problema, pues por ser una muñeca de trapo, no tiene sangre. Se fue el doctor de mi casa y nunca más regresó". La madre comentó lo sucedido con Christy Gelly. No obstante la explicación que le dio la madre no le importó mucho pues ya había espantado a la persona que podría dividir el amor, el cariño y el tiempo que tenía su madre.

Christy Gelly no vehía más allá de su reino. Esto es, a su amigo, el muñeco de trapo, su pequeño muñequito, y su ambiente. Nada era importante para ella, aunque se tratara de su familia. En este caso, su mamá rccibió una llamada telefónica en la que se le informaba que su padre estaba grave y había sido recluido en el hospital. Ella, preocupada, llamó por teléfono a Christy Gelly para notificarle lo importante de la situación. Para Christy esto no tenía nada de importante. Recibió la noticia y se limitó a dar instrucciones a su madre de que no fuera a ofrecerse a quedarse en el hospital a cuidar a su padre ya que ella la necesitaba para que le cuidara el niño en lo que ella iba a cenar con un amigo. La pobre muñeca de trapo dio indicaciones claras de que su corazón era tan sólo un rollo formado por un pedazo de tela. Su madre sufría la situación.

Christy-Gelly era vanidosa, quería en todo momento lucir mejor que sus amigas. Vio a una de ellas con el pero corto y pensó que lucía mejor que ella inmediatamente fue a la peluquería para que le cortaran el pelo. Quería verse mejor que su amiga. Lo consiguió, lucía muy bien con su pelo corto. Pero sucedió que a u amigo no le gustó el recorte. Discutieron y él se fue del apartamento. No importa dijo ella. Me buscaré otro muñeco de trapo, los hay mejores. Además, el que se va no hace falta. Pero pasó el tiempo y no apareció el nuevo muñeco de trapo. Ella pensó que tal vez era el recorte. Decidió dejarse crecer de nuevo la cabellera, pero se le había olvidado que ella era de trapo y el pelo no le crecía. Tuvo que ir donde su madre a que le pegara unas greñas de pelo para volverse a parecer a lo que era. Su madre, cariñosa y comprensiva con su hija como siempre, la complació.

Volvió Christy-Gelly a la carga y consiguió otro muñeco de trapo. Ella los conseguía y los utilizaba como le daba la gana La madre se enteraba de los muñecos que tenía después que ella los alojaba a vivir con ella. Ella manejaba a sus muñecos de igual forma que trataba de manipular a su madre, esto es, manipulación directa.

Llegó el día para Christy Gelly. Ahora quería cambiar su apartamento a uno de gran elegancia y prestigio. Pero no tenía el dinero para el cambio. Se le ocurrió decirle a la madre que tenía que sufrir una operación de cáncer costosísima. La cosa era de vida o muerte. De esa forma su madre sacaría dinero de sus ahorros y le daría lo que ella necesitaba. Efectivamente, la madre al saber de la situación de la hija corrió al banco y sacó el dinero que tenía. Se lo envió completo a su hija, para que pagara su operación. La madre se sentó en un sofá a pedirle a Dios le salvara su hija de esa terrible enfermedad. Las lágrimas le rodaban sobre las mejillas.

Mientras tanto, Christy Gelly recibió el dinero e hizo la transacción para su nuevo apartamento. Enseguida se mudó. Estaba tan feliz que le escribió a la madre y le dijo: "Mi nuevo apartamento es lo mejor que hay y está ubicado en un área exclusiva. Me siento feliz, y lo pude comprar con tu dinero".

La carta sorprendió a la madre. ¿Qué es ésto? ¿Qué pasó con la operación de vida o muerte que tenía que hacerse? Se preguntó. Por primera vez descubrió que era manipulada por su hija. Por eso ella no dejaba de quererla, pero ya era tiempo de que se diera cuenta y le enseñara una lección a la muñeca de trapo.

Le escribió una carta a su hija, donde le decía: "me alegro que mis ahorros de toda una vida te hayan ayudado a comprar tu flamante apartamento. ¡Que lo disfrutes, son mis deseos! Para mí, siempre Dios obra milagros. En tu caso, ¡Convirtió un cáncer terminal, en un apartamento! Le pedí también a dios que me ayudara con un milagro a mí también. ¡Lo hizo! Me envió un hombre encantador y decidido. Un hombre que me amó, al igual que yo a él, desde el primer día que nos vimos. Estamos haciendo planes futuros entre nosotros dos, que te los contaré, según ocurran, pues no los divulgaremos a nadie ya que son muy privados, y ni tú que eres mi hija, tienes derecho a saberlos. Hablo en plural pues ya nosotros estamos unidos física y mentalmente, por el amor de Dios.

Esta carta le cayó como sal a la herida, a Christy Gelly. Su madre se había revelado, ya no podría manipularla jamás. La madre por primera vez había tomado y hecho acciones que ella no pudo atajar. Ya estaba actuando por sí misma. La madre se había dado cuenta que se estaba convirtiendo en la sirvienta de su hija, olvidando su propia existencia. Ahora ya era ¡libre!, cosa que su hija había reclamado hacía muchos años para ella y que sin embargo, no le permitía a la madre.

No..., no resultó así. Christy Gelly, muy lista,  volvió al ataque con su madre. Para evitar la relación que su madre podría tener con su nuevo compañero decidió llevarle a sus dos hijitos para que se los cuidara gran parte de la semana.. De esa forma no habría tiempo nada más que para los pequeños nietos de trapo, y así, el pretendiente de su madre tuviera que desaparecer.

La madre se dio a la tarea de complacer y atender a la vez a su novio y a sus dos nietos. A paso del tiempo, la muñeca de trapo seguía con su empeño de dominar a la madre. Ella resistía a más no poder, pero como nunca le enseñaron a decir "no", terminaba aceptando las directrices de la muñeca de trapo. Christy Gelly siempre se salía con la suya.

 

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