EL REYCITO

Había una vez un Rey-Sabio, bendecido por Dios con casi todas las musas del arte. Era alto, fuerte, bien parecido y gozaba de gran prestigio entre sus súbditos. Su fama recorría todo su imperio, además de los que estaban más allá de su área.

Un día, uno de sus asistentes, le informó que había un pequeño niño que interesaba verlo y hablar con él. El Rey decidió darle audiencia y lo citó para la hora de audiencias del siguiente día. El jovencito llegó a ver al Rey y se presentó muy humildemente. El niño le explicó al Rey que lo admiraba por sus grandes conocimientos y su arte. Que a pesar de él ser pequeño, sentía grandes inclinaciones hacia el Arte, como conocía que el Rey tenía. El niño le solicitó al Rey, que lo dejara a su servicio para él poder aprender y desarrollar sus musas de arte. El Rey al ver la gran disposición que mostraba el niño, se interesó en la propuesta que le hacía y le ofreció trabajo en su corte. Lo tituló para que se desempeñaría como su ayudante en asuntos generales en los trabajos de arte, y así tendría la oportunidad de aprender el trabajo artístico con el Rey.

El niño empezó y siguió trabajando humildemente en la corte del Rey-Sabio. Siempre fijándose y aprendiendo los detalles de las obras de arte que hacía el Rey. Quería ser como él. Con la ayuda del Rey, y la de la que podía obtener fuera del reinado, logró ir desarrollando sus facultades y habilidades artísticas. Al pasar de los años y llegar a la juventud, ya el niño podía hacer sus propias obras de arte, pues captó muy bien las enseñanzas de su maestro. Además, conoció la multitud de admiradores de las obras del Rey, que también empezaban a mirar y alabar sus obras.

El día llegó en que ya el joven, él mismo, se identificó como artista terminado. Cortó su cordón umbilical de la palestra de artes del Rey, y estableció su propio reinado. Se estableció en un lugar conveniente para él, pero apartado. Ya volaba sólo, como paloma independiente. Lamentablemente, de las diez monedas de sabiduría que tenía el Rey para regalarle, apenas el joven había recibido cinco. Se requería mucho más tiempo para recibir las enseñanzas del maestro. El nuevo reycito había recibido sólo la mitad de los conocimientos dentro de las artes del Rey, pero él entendía que ya estaba listo para llegar a la grandeza. Aunque continuó sus visitas al rey para realizar algunos trabajos administrativos, sus visitas al reinado del Rey-Sabio ya eran limitadas y fugaces. Se fue olvidando de la existencia del Rey-Sabio como artista. Esta separación fue dura para el Rey-Sabio. Sabía que todavía podía aportar a la preparación del nuevo reycito, pero ya era tarde para ello. Además, ya que no tenía la juventud de antes, y con la partida de su discípulo amado, no contaba con su apoyo para realizar los múltiples deberes del reino. Ahora tendría que hacerlos sólo. El Rey-Sabio pensó por un momento sobre el "comentario que le hacían los súbditos que le decían: "uno ayuda al necesitado, pero cuando se levanta, éste se va. Siempre será otro, nunca el que uno ayuda., el que vendrá a darnos la ayuda que nosotros podamos necesitar." Brotaban lágrimas de soledad y amor, en las esquinas de los ojos del Sabio Rey.

El nuevo reycito, estableció su reino. Quería que fuera cada vez más grande y mejor. Buena oportunidad para desarrollar su musa escondida de arreglar autos viejos. Ahora podía pintar sus obrs y venderlas para comprar y restaurar autos viejos. Hizo buena amistad con los reyes de los demás reinos adyacentes al suyo. Se retiró del lado de su maestro pues quería demostrarle que ya era un ser completamente independiente y podía trabajar sólo. No obstante, el Rey-Sabio siempre ayudaba al reycito, proveyéndole algunas piezas de oro, para ayudarlo a establecer su propio reinado

Por otro lado, el reycito hizo amistad y fue muy cortés y amigable con los reinados adyacentes. Estos reyes también lo ayudaban siempre que podían. El reycito enviaba sus mensajeros a pedir favores a éstos otros reinos. Ellos con mucho gusto le ayudaban y le servían con honor y respeto. Pero llegó el momento en que el reycito dependía y continuamente solicitaba ayuda a sus homólogos reyes. Llegó el momento en que se molestaba con ellos si no le ayudaban rápido, cuando él solicitaba ayuda.

El reycito se entusiasmó tanto con su imperio que sólo veía su reino. Creía que era lo más importante del mundo. No le importaba nada que no estuviera dentro de sus límites del reinado. Si se enfermaba uno de sus súbditos era algo importante para él, pero si enfermaba uno de los del imperio adyacente, para él no tenía importancia. Sólo pensaba en su reino. Llegó el día en que algunos de los reinos vecinos estaban en dificultades y le solicitaron ayuda . Pero el reycito no quería ser interrumpido en el manejo de su reinado, por lo que desarrolló una serie de excusas y mensajes para salir de las requisiciones de ayuda de los reyes adyacentes. Cuando recibía solicitudes de ayuda, o invitaciones, les enviaba mensajes utilizando las siguientes palabras: "lo siento", "me apena mucho", "si fuera otro día", "tengo compromisos ineludibles", "que pena que hoy no puedo", "será en otra ocasión", "se me hace tarde..." Estas palabras eran las respuestas que siempre decía o enviaba, a través de sus súbditos-mensajeros, a los reyes de los imperios adyacentes. Otra cosa, no les devolvía los artículos prestados que solicitaba a sus amigos imperiales, tampoco cumplía con sus promesas de tiempo de entrega. Como resultado, empezó a quedarse sin amistades y sin las fuentes de ayuda que contaba en un principio.

El reycito necesitaba una reina, por lo que decidió casarse y formar una familia. Consiguió una linda joven que parecía "una piedra de jade", y se casó con ella. Del matrimonio nació su primogénito, "Principito I". El Principito tenía todas las características físicas del padre. El niño era tremendo ejemplar de príncipe. El reycito se volvió loco con su hijo. Por jugar con su lindo bebé, ya casi no quería trabajar y buscar con que ganarse el sustento de su reino. Su trabajo empezó a retrasarse. Tendría que acudir nuevamente a la ayuda de los imperios adyacentes. Pero ya los Reyes de esos imperios, que habían sufrido con sus improperios, estaban cansados de sus excusas y de la no-cooperación. ¿Qué hará el reycito para levantar y sostener su estático reinado? De otra parte, él no quería volver a tratar artísticamente con su Rey-Sabio. Para él, ya sólo existía una relación comercial. De otro lado, sabía que afectó grandemente los sentimientos y bondades de los reyes adyacentes y que ya no podría contar con ellos, pues cada día se alejaba más de ellos.

Como resultado, se le empieza a caer su reinado en piezas. ¿Cómo sostenerlo, cómo apoyarlo para que no se caiga? Con esta situación pendiente de resolver, y como pasa en algunas situaciones, le falló uno de los pilares de su templo, su progenitora se enfermó gravemente. Esto le causó una sensación de caos. Se volvió casi loco con el percance. "El reycito está en apuros..." gritaban todos. Al llamado, todos dijeron "presente", para ayudarlo. Aún los reyes de los imperios adyacentes fueron a ofrecerse. Sabían que él no era un reycito malo, únicamente que sólo cumplía con su reino, aunque se cayera el templo de rey vecino, cosa que no le importaba.

Por ejemplo, cuando se cayó un pilar del templo del Rey-Sabio, esto es, falleció su hermano, el reycito apenas le dio las muestras de su pesar por la pérdida, pues estaba ocupado repararando el templo dentro de su reinado. no hizo precencia ni al velatorio ni al funeral a acompañar en la pena a Rey-Sabio, su maestro. El reycito nunca aprendió que las necesidades que él tenía y que consideraba tan importantes, así también sus vecinos y reinados también tenían sus necesidades y eran muy importantes para ellos. Si ellos venían a ayudarlo a él, de la misma forma, él debería ir a ayudarlos a ellos.

Las responsabilidades del reino son mayores ahora, Hay una reina y un príncipito de por medio. Lamentablemente parece que el principito tiene desarrollada más la musa de bregar con la restauración de autos. Se entretiene más con los carritos de juguetes que con los pinceles y las crayolas. Aunque difícil, y algo tarde, el reycito podría tener salida para manejar bien su imperio. Primero debe entender que necesita de otros reinos para levantar el suyo. Para ésto, debe ser más amable, sincero y cortés con los reyes vecinos, además, ser cumplidor y fiel a sus compromisos con ellos. Borrar la impresión negativa que él mismo les creó dando excusas para evadir los compromisos. El reycito debe evitar el presentar excusas inmediatas cuando se le pida ayuda, ser positivo en sus pensamientos, fiel y cumplidor a su palabra y saber más que nada, que todos tenemos problemas y nosotros estamos para ayudarnos unos a otros, y no para que todos nos ayuden a nosotros.

El reycito tiene que frenar sus rabietas, modificar su expresión pública sobre la opinión de los demás, y acercarse, humildemente, a los que le han dado ayuda y lo han asistido en sus necesidades, y siempre están dispuestos a hacerlo. Recordar que estas necesidades no son exclusivas del él, sino de todos los reyes y todos los reinos. Ya no debe gastar el dinero de la venta de obras en restaurar autos viejos. Tiene que darse cuenta que éso es una diversión de ricos y pudientes. Ahora tiene que mantener su imperio y su gente.

Claro está, los compromisos actuales del reycito ya no le permiten adquirir nuevas técnicas y nuevos canales de aprendizaje pues cortó sus canales de comunicación artística con el Sabio-Rey. Tendrá que depender en absoluto de los conocimientos que posee en la actualidad. Por tanto, si evaluáramos su perfil de grandeza, éste sólo ilustrará sus obras a través del marco de conocimiento que podrá generar con su actual nivel de conocimiento. ¡Falta que le harán las 5 monedas de oro en educación pictórica que dejó de recibir de su maestro, y que le hubiesen sido de gran utilidad para elevar su grandeza en el arte!

¡Que Dios bendiga al Reycito!

 

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